La vida es tan amarga que abre a diario las ganas de comer. La bulimia.

Uno de los problemas alimentarios más frecuente es el atracón, que en sí mismo, no es un problema, pero cuando éste se vuelve recurrente e imparable, se  convierte en bulimia. La bulimia se caracteriza por tener unas ganas irrefrenables de ingerir alimentos de forma compulsiva y voraz. La necesidad es de devorar más que de saciar el hambre.

Según la terapia breve estratégica se distinguen tres tipos de bulimia:

  • Bulimia boteriana: se caracteriza por hombres y mujeres extremadamente obesos, con un sobrepeso excesivo que les obliga a realizar terapia por sus graves problemas de salud con disfunciones orgánicas y psicológicas. En este caso, son conscientes de la gravedad de la situación y la aceptan. La bulimia de botero se identifica porque la persona tras una serie de vivencias, acepta su condición de sobrepeso aparentemente inevitable, y deja fluir su ansiedad por la comida sin límite alguno. Dejan de lado la apariencia física, y se convierten en gourmets de la comida. Se adaptan de tal manera a su situación que difícilmente pedirán a ayuda, a no ser, por un problema físico importante.
  • Bulimia efecto alcachofa: son personas con un cierto nivel de sobrepeso, que nunca llegan a ponerse a dieta, o si lo consiguen, es por muy poco tiempo, y recurren de nuevo a la bulimia para apaliar los problemas afectivos y relacionales. Su obsesión por el peso y la dieta los mantiene tan obcecados, que quedan protegidos del resto de sus problemas. Este tipo de bulimia, no se puede focalizar únicamente en la relación persona-comida, pues el atracón, es una solución intentada a los problemas emocionales que sufre la persona. Por lo tanto, se abordan por un lado los atracones, y por otro, el problema emotivo-relacional.
  • Bulimia yoyó: son personas que intercalan periodos de dieta estricta, y por lo tanto, pierden muchos quilos; y  épocas de bulimia, en que los vuelven a recuperar. Es una dicotomía entre control y pérdida de control. En estos periodos, también alternan épocas en las que se sienten exitosas y valiosas, y épocas de estados  depresivos. Y todo ello, depende de su control o descontrol de la ingesta. Ésta suele ser la tipología bulímica mas habitual, y se mantiene por el hecho de intentar reprimir los atracones. El intento de controlar la ingesta hace que ésta se vuelva irrefrenable, y por tanto, fuera de control. Los bulímicos yoyó sienten un gran conflicto por ser incapaces de frenar las ansias de comer.

Las personas bulímicas, en general, suelen ser colaboradores en la terapia pero se ven incapaces de colaborar por sus ganas incontrolables de comer. En consecuencia, la intervención primero irá dirigida a desbloquear su sentimiento de incapacidad, para que  posteriormente, aflore su voluntad. En estos casos las dietas suelen fracasar, pues presionan a la persona a realizar un cambio en una situación que parece fuera de su control, y por tanto, aumenta su sufrimiento y sentimiento de incapacidad.  

pexels lachlan ross 5967864