De pequeña me recuerdo tímida, callada, insegura, pero con tantas ganas de tener amigos, de ser aceptada por el grupo de guais que me convertí en una espectadora en vez de la protagonista de mi película. Me sentía perdedora, poca cosa, como sin importancia, como si no tuviera nada que explicar. Los pocos amigos que tuve, en cambio, han sido para toda la vida, porque con ellos me destapaba, hablaba, reía, me enfadaba y lloraba, siempre estaban ahí. La adolescencia fue peor, la inseguridad sobre mi cuerpo, sobre mi personalidad. Pasé de hippie a heavy, de gótica a discotequera. Empecé a trabajar y tuve que normalizarme, dejar de intentar destacar por mi imagen a intentar destacar por mi trabajo. Pasé de trabajo en trabajo para costearme la Universidad, pero la inseguridad me perseguía allá donde iba, permitiendo a mis jefes abusivos que me hablaran mal, a los compañeros irse a desayunar sin avisarme. Otra vez sola e insegura volvía a sentirme como un desecho humano. Me fui encerrando cada vez en mi misma por miedo a que me hicieran más daño, grabando en mi mente, tatuando en mi piel “no sirves”, “eres una incomprendida”, “no estás a la altura”, “no caes bien”. Pasan los años y sigo dibujando tatuajes en mi piel con mensajes que me recuerdan la inseguridad y la hostilidad del mundo que me rodea. Creo que ya no me queda espacio.
Ana vivió una infancia difícil, con una madre ausente por la depresión y un padre ludópata. Recibió reproches y tuvo falta de cariño por lo que no pudo sentirse capaz de relacionarse de forma asertiva con los demás. No supo imponer y luchar por sus deseos y necesidades, algunas personas abusaron de ello, haciendo corroborar las creencias que ella tenía de sí misma. Así se creó un personaje inseguro y miedoso. Una víctima de sí misma y de los demás.
Definitivamente Ana podría seguir con sus tatuajes, dibujando de nuevos y recreando los que ya tiene. Seguir sintiéndose víctima y vivir como una víctima. Pero ¿sabes?, aunque lleves tatuado el miedo en tu piel a veces va bien hacer ver que eres valiente, hacer ver que eres fuerte. Tírate a la piscina, con muchos flotadores si hace falta, pero salta. Quizás así, algún tatuaje se pueda transformar o incluso desdibujar.
