La maternidad nunca fue uno de mis objetivos, recuerdo sentirme rara cuando mis amistades o familiares se les caía la baba cuando veían un bebé o un niño pequeño. Recuerdo estar sentada en un restaurante comiendo con una amiga que dejaba de escucharme porque en la mesa de enfrente había un bebé super mono haciéndole miraditas mientras le sonreía. Yo tenía la capacidad de ignorar totalmente esas miradas, en el fondo no es que las ignorase, sino que no las veía. Me sentía totalmente torpe en relación a los niños, emocionalmente incompetente con respecto a ellos. Incluso cuando iba al hospital a visitar a amigos/familiares que acababan de tener un hijo, permanecía lejos de la cuna, ya que me echaba para atrás el solo hecho de pensar que me pudieran brindar la oportunidad de coger al bebé. Me agobiaba, me sentía totalmente fuera de lugar. Cuando llegué a las puertas de los 40 tuve una larga charla conmigo misma sobre la maternidad y la posibilidad de tener hijos. Al final el planteamiento era el de siempre, estás a las puertas de los 40, todas tus amigas ya tienen dos hijos y bien criados, ¿quieres ser madre o cerramos las puertas?. Hoy con mirada retrospectiva me pregunto porqué son tan importantes los 40, seguro que esto daría para mucho y realmente desconozco el tema, imagino que los médicos son los que deben tener la respuesta. Pero finalmente la cuestión es que si mi cuerpo está capacitado para tener hijos, porqué me tengo que plantear la edad si al final va a ser un hijo querido. Apurando mucho justo antes de los 40 me quedé embarazada. El embarazo fue bien, me sentía radiante y feliz y disfruté de todo el proceso, incluso en el periodo de las náuseas y vómitos del inicio, que por suerte no fueron muy fuertes. Todo fue sobre ruedas e incluso una vez que nació me planteé tener familia numerosa, sí, sí, familia numerosa, me pareció lo más bonito del mundo tener aquel pequeño en mis brazos, verlo crecer y desarrollarse. Pasaron unos años y a día de hoy siento la felicidad de la decisión que tomé, no tengo palabras para describir el amor y ternura que desprende este pequeñín. Pero todo ha quedado atrás, mi vida social, personal, laboral. Vivo del poco aire que me queda. Recuerdo un día que fui a la doctora, me sentía tan cansada que pensaba que debía tener igual un problema de vitaminas, de hierro,….yo que sé. Le expliqué mi situación y me dijo, Lara, no estás cansada, estás agotada, la palabra para definir el estado de una madre es agotamiento. Y que razón tenía, aún hoy sigo en ese estado de agotamiento que no me permite avanzar a nivel profesional, social o personal. Y luego, me viene ese sentimiento de madre inútil cuando veo a esas madres que van al gimnasio, trabajan, inician nuevos proyectos, salen pintadas y arregladas de casa, y aún tienen tiempo para sí mismas y para tener vida social. Y me pregunto ¿eres inútil o que te pasa?.
Al fin de cuentas Lara representa la gran mayoría de las madres, pero siempre nos fijamos en aquellas que afortunadamente para ellas, y frustrantes para el resto, están en otra situación. Los medios, la redes sociales, las creencias y la cultura hacen que millones y millones de madres se sientan mal por no poder llegar a todo, cuando en realidad el porcentaje de madres que representa ese estereotipo son la excepción. Igual de daño hizo el eslogan “Superwoman” que lejos de representar una mujer válida, independiente, que prioriza y prioriza su salud, representaba la mujer que tenia que cargar con todo como una idiota. La autora Laura Sagnier realizó una investigación multitudinaria con población española sobre el reto de ser mujer hoy. Una de las áreas de estudio fue “A qué tipo de tareas destinan las horas que están despiertas en casa las mujeres según su relación con el trabajo remunerado y los hijos”, los resultados mostraron que las mujeres con trabajo remunerado que no tienen hijos o éstos son mayores dedican el 46% del tiempo realizando tareas relacionadas con el cuidado y el hogar, 43% del tiempo para ellas y el 11% a trabajo remunerado. Las mujeres que no tienen trabajo remunerado dedican el 43% del tiempo a actividades relacionadas con el cuidado y el hogar, 44% del tiempo así mismas y el 13% del tiempo al estudio. Las mujeres con algún hijo menor de edad y con trabajo remunerado dedican el 73% del tiempo al cuidado y el hogar, el 7% del tiempo a un trabajo remunerado y el 20% para ellas. Y las que tienen hijos menores de edad y no tienen trabajo remunerado pasan el 77% del tiempo con actividades relacionadas con el hogar y el cuidado, el 22% del tiempo para ellas y 1% al estudio. Estos y otros resultados de la investigación nos ponen en alarma social. Desde luego que si te sientes como Lara, estás en la media de la población, cada una tiene una situación familiar, social y económica diferente que nos lleva a realidades diferentes. Al fin y al cabo lo que importa es: ¿qué es lo que está en tus manos a pesar de tu situación económica o social/familiar?, ¿qué buenamente puedes hacer tú para mejorar tu bienestar personal?.
