Miedos y fobias.

El miedo es una de las sensaciones más desagradables que podemos sentir, miedo al qué dirán, miedo a salir de casa, miedo a contraer una enfermedad, puedes sentir miedo a cualquier cosa que por muy irracional que sea, el sentimiento es terrorífico, nos bloquea y nos hace sentir pequeños, sin herramientas y sin salida. Y cuando el miedo nos invade buscamos la manera de afrontarlo, muchas veces, es evitando aquello que nos perturba. El miedo es un sentimiento humano necesario para la subsistencia, sin el miedo pondríamos nuestra vida en riesgo. El cerebro está equipado para darnos una señal fisiológica y avisarnos de que nos enfrentamos a un peligro y así poder reaccionar. Así el ser humano ha podido sobrevivir durante siglos. Se enciende la alarma y nuestro cuerpo reacciona: el corazón bombea más rápidamente para preparar los músculos, la respiración es más frecuente para disponer de más oxígeno, la piel se vuelve más pálida para que la sangre vaya a los músculos, el tubo digestivo suspende su actividad y todos los sentidos aumentan para poder estar alertas, vigilantes de lo que nos rodea. Un fantástico mecanismo natural del cuerpo que nos prepara para afrontar el peligro, ya sea salir corriendo (evitar) o para la lucha (afrontar). Si bien, este sistema nos ayuda, cuando se activa en situaciones que realmente no presentan un riesgo elevado y nos bloquean, se llama fobia. La fobia es un miedo intenso ante una situación u objeto que no presenta realmente un riego para nuestra salud, el malestar afecta de forma significativa nuestra vida laboral, personal u  otras áreas. Tiene que perdurar un mínimo de seis meses. Hay tantas fobias como miedos, tantos miedos como situaciones u objetos. Cualquier cosa o situación puede llegar a paralizarnos. Las más habituales a raíz de la pandemia son:

  • La agorafobia: miedo a estar en lugares públicos, trasporte público, colas, lugares masificados, espacios abiertos, lugares cerrados con multitud.
  • Los ataques de pánico: se caracteriza por la aparición de un miedo intenso que consigue su máxima expresión en minutos.
  • Fobias específicas: a lugares concretos, animales, al entorno natural o a las inyecciones/sangre o heridas.
  • La fobia social: es el miedo o ansiedad intensa a ser juzgado por parte de otras personas (actuar delante de personas/ interacciones sociales/ ser observado).
  • La ansiedad por enfermedad: se caracteriza por una preocupación muy intensa a contraer o tener una enfermedad grave.
  • Obsesiones y compulsiones: se identifican como pensamientos, impulsos o imágenes recurrentes que se experimentan como intrusas o no deseadas, y la mayoría de las veces causan ansiedad o un malestar importante.

Aunque superar un miedo intenso o una fobia parece ser un proceso imposible, a través de la psicoterapia es algo que podemos conseguir. Es importante centrar la atención en aquellas cosas que hacemos que hacen que el miedo se mantenga, que dependiendo del miedo, pueden variar: evitar las situaciones temidas; pedir acompañamiento o ayuda a personas cercanas de forma que evitamos la situación que tememos, o la afrontamos acompañados de forma que reforzamos la idea de que solos no podemos; comprobación ya sea de nuestro cuerpo, síntomas y/o salud;  necesidad de realizar rituales que luego se eternizan y nos causan ansiedad; y finalmente, intentar controlar las respuestas fisiológicas del miedo/ansiedad.

Una vez detectada la estrategia que utilizamos para afrontar el miedo, el siguiente paso es aplicar técnicas psicológicas paradójicas que nos ayudarán a afrontar la situación temida.

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